lunes, 27 de mayo de 2013


Aquella mujer, fundida en mí, piel de húmeda tierra, tibia mirada hija del sol fecundo en mis sábanas. Fui tejiéndote un edredón, con mis manos para refugiarte de las frías y oscuras miradas de adormecen tu ser, que silencian tu aroma, que anulan tu canto y danza. Tus pechos bendijeron mis manos mientras tejía tu cuerpo. Junto a mis ojos, mi rostro, mi boca. Princesa silenciosa sigilosa caminante noctámbula, déjame llegar a ti, enredar tus cabezos en mis dedos, saborear tu dulce miel, perfumarme entre tus jazmines.
Condenada, nos soltamos las manos. Condenada, desnuda has quedado ante el cazador. Condenada, corriste a toda prisa desde mis brazos, pero el bosque no fue suficiente ante tanta luz (artificial).



jueves, 23 de mayo de 2013

Me he perdido 
Me he perdido de regreso a casa, y los caminos ¿dónde están? Toda esta fría oscuridad, por más rayos que el sol impregne en mi pelaje, no deja ni escucharme, ni leerme, ni sentirme. De apoco me voy convirtiendo en humano, acostumbrada, mecánica deambulo perdida por los cerros de estos bosques ya extintos, respirando el aire ya viciado, mi sangre se torna gris, mis pensamientos y actos me esclavizan. Del bosque, del bosque sólo queda el deseo de volver, de dormir boca arriba perdida entre las copas de los árboles y la danza de sus hojas. 
Confieso que he dejado de ser libre, amarrando mis segundos, mis recuerdos, mis actos y elucubraciones.
¡Volver! sentir el latir de mis hermanas y hermanos, comer la tierna hierba, perfumar mis ideas con la tierra. ¡Volver a bosque, volver a ser nuevamente! ¡¡DEJENMEEEEE!! 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Te quiero, te extraño, mujer de calles húmedas, hojas anaranjadas, caminata suave entre tantos vapores del gentío. Descanso la mirada a 1249 kilómetros de distancia, y viajo entre los vientos, entre los mares de la conciencia y te veo con tus ojos adormilados observando los hilos que dibuja la lluvia en la ventana del colectivo, imaginando quizás qué. Y así, como el respirar, como parpadear, una sonrisa irrumpe en mí, una sonrisa para ti.

De madrugada


Entre los silencios ofrecidos por mi escalera, frío ya el tinte de mi taza, de madrugada mis ojos no cesan, miran detrás de paredes; calles; detrás del follaje. De los árboles nativos, detrás de la cordillera, del camino, del destino. De madrugada, como este aún tibio recuerdo: aquel instante, en que mi pecho hinchado de dicha, y mis manos calmas dibujaban sobre el edredón tu cordillera, tus valles. Aquel aire vaciado y contenido una y otra vez por nuestras bocas; cuerpos y pulmones, impregnan de lentitud el espacio. Un minuto demoro en encontrarme con tu adormilada mirada y es ahí donde fugaz conecto, fugaz retorno. Es ahí donde vuelvo a observar aquella esquina de aquel sueño, en aquella ciudad, en tal cuerpo. Ya lo comprendí, esto ya lo sentí.

Contigo

Era invierno y en la toma, nuestros pies modelaban el barro por la mañana, era una escultura colectiva, que mutaba en el curso del día,  y la noche. Pisadas grandes, pisadas chicas, de nosotros, de perros, de gatos, de lauchas, de pollos y gallinas, de las ruedas de los camiones que iban a limpiar la caca de los baños químicos los sábados también, de los tíos. La mirada ajena y vacía de la gente de la 12, muchas veces delincuente me sentí, marginal me sentí, cochina me sentí, bestia me sentí. Y nada, nada era mi culpa. Sola, con mi mami. Durmiendo en la camita, abrigaditas, con sueños entrelazados, con casa, cocina, perro y baño. Pavimento y árbol. Amor y estabilidad. ‘Legalidad’.

despedidas en máquina de escribir


He decidido volver al bosque,
a reunirme con las hierbas, 
la calma oscura, 
el aroma a tierra y corteza, 
entre los insectos, 
entre las enredaderas que abrigan
a los frondosos gigantes.
Al encuentro con mi reflejo en el lago, 
con la luna.
 Lejos del aroma a jazmín,
 de las flores de ciruelo, 
de la cordillera, 
de la música, 
de la feria, 
del café con miel, 
de las calles húmedas y frías,
de las cuerdas de esa guitarra.

martes, 21 de febrero de 2012

Santiago, después de invernales
Primaveras nocturnas


Miguel Ángel:


Prometo contestarte en esta carta que hubiese deseado
escribirte a mano, pero tomada de la mano conmigo y mi tibio
aliento anaranjado con vino tinto y caliente, mi palabra.
Pero sabes que no es así, que no se volvería al minuto
fecundo, al segundo, al primigenio instante. Te la escribo
bajo el nocturno momento de la población, hace ayeres que
hoy día vino, recorrí cauta y sorprendida por las calles,
cortando el silencioso aire con mis pasos en el asfalto aún
tibio. Maravillada observo las curvas, los límites, imágenes,
flores, animales y frentes, recordando entre mapas mentales,
jugando al rebobine por favor con los hemisferios. ¡No quiero
que se vaya, que la foto se nuble ni quiebre!

Las imágenes conectan los momentos de aquél ángel, o
arcángel, él no más, significando su nombre. Repentino
ser, no oscuro, pero tampoco claro. Llegaste en negativo y
te fuiste de noche. En sueños viniste y te materializaste
escribiendo, línea a línea, aliento y aliento, inundando
púrpuras encuentros de aire, flotando, alimentándonos de
nosotros mismos, de nuestros sueños y conversaciones, azul
eres, azul soy, marinos y profundos, heridos y en extinción,
no sólo yo, sino ambos. Te vi entremedio de enredaderas, de
helechos suspendidos en este bosque de paredes, que caminando
nos refugian. ¿Huemul?, ¿cóndor?, ¿neanderthal? No lo sé,
sólo en mí y en esta visión, siento la necesidad de graficar
un despertar de mi ser, de mis sentidos, de mi realidad,
ante tu aparición, profunda y perpetua. Extensa luz que
parpadeante, aún me delinea. Este recorrido, este azul, este
nocturno recorrido por la población, es el tercero, lo que se
construyó y vive, entre campos violetas y cielos verdes. La
flor creció con el agua.

Con muchos particulares que seguir compartiendo, me despido

Atte. Yo