Aquella mujer, fundida en mí, piel de húmeda tierra, tibia mirada hija del sol fecundo en mis sábanas. Fui tejiéndote un edredón, con mis manos para refugiarte de las frías y oscuras miradas de adormecen tu ser, que silencian tu aroma, que anulan tu canto y danza. Tus pechos bendijeron mis manos mientras tejía tu cuerpo. Junto a mis ojos, mi rostro, mi boca. Princesa silenciosa sigilosa caminante noctámbula, déjame llegar a ti, enredar tus cabezos en mis dedos, saborear tu dulce miel, perfumarme entre tus jazmines.
Condenada, nos soltamos las manos. Condenada, desnuda has quedado ante el cazador. Condenada, corriste a toda prisa desde mis brazos, pero el bosque no fue suficiente ante tanta luz (artificial).




