martes, 21 de febrero de 2012

Santiago, después de invernales
Primaveras nocturnas


Miguel Ángel:


Prometo contestarte en esta carta que hubiese deseado
escribirte a mano, pero tomada de la mano conmigo y mi tibio
aliento anaranjado con vino tinto y caliente, mi palabra.
Pero sabes que no es así, que no se volvería al minuto
fecundo, al segundo, al primigenio instante. Te la escribo
bajo el nocturno momento de la población, hace ayeres que
hoy día vino, recorrí cauta y sorprendida por las calles,
cortando el silencioso aire con mis pasos en el asfalto aún
tibio. Maravillada observo las curvas, los límites, imágenes,
flores, animales y frentes, recordando entre mapas mentales,
jugando al rebobine por favor con los hemisferios. ¡No quiero
que se vaya, que la foto se nuble ni quiebre!

Las imágenes conectan los momentos de aquél ángel, o
arcángel, él no más, significando su nombre. Repentino
ser, no oscuro, pero tampoco claro. Llegaste en negativo y
te fuiste de noche. En sueños viniste y te materializaste
escribiendo, línea a línea, aliento y aliento, inundando
púrpuras encuentros de aire, flotando, alimentándonos de
nosotros mismos, de nuestros sueños y conversaciones, azul
eres, azul soy, marinos y profundos, heridos y en extinción,
no sólo yo, sino ambos. Te vi entremedio de enredaderas, de
helechos suspendidos en este bosque de paredes, que caminando
nos refugian. ¿Huemul?, ¿cóndor?, ¿neanderthal? No lo sé,
sólo en mí y en esta visión, siento la necesidad de graficar
un despertar de mi ser, de mis sentidos, de mi realidad,
ante tu aparición, profunda y perpetua. Extensa luz que
parpadeante, aún me delinea. Este recorrido, este azul, este
nocturno recorrido por la población, es el tercero, lo que se
construyó y vive, entre campos violetas y cielos verdes. La
flor creció con el agua.

Con muchos particulares que seguir compartiendo, me despido

Atte. Yo

María llena eres de gracia!

Harto que te visitaba antes oye María,
hace tiempo que no te veía arder entre

tanta devoción, o compromiso, o cinismo.
¿Me viste el otro día? Me agotaba para
ti, danzaba entre calles pa ud. Pues
sra, o srta… qué eres María? Bueno,
aparte de ser la madre del hijo del
señor. ¿Eres mujer? ¿Te puedo llamar
así? ¿Loco todo esto, no? ¿Te hablo, te
entrego mis dudas y confusiones para que
me encamines, pero… qué puedes saber
tú dentro de tu santidad? ¿Cómo puedes
resolver acciones sobre tópicos que sólo
se conocen si estás dentro? ¿Cómo buscar
en ti un escape, a un aborto, a una
cobardía, a un robo, a una muerte, a un
conflicto, a una duda o alegría? ¡María
llena eres de gracia! ¿Qué sabes tú de
lo humano si no eres más que un montón
de yeso en lo divino? ¿Qué sabes tú de
mujer a mujer, de irreales sensaciones,
cósmicas redadas de hormonas y pasiones
resueltas entre una boca y otra? ¿Me
hablas desde tu ser de madre? ¿Desde tu
uterina utilidad? ¡¿Desde ahí?!


El gato ciego intenta medir nuestra

fuerza con sus bigotes. Sabe que
somos extraños, nos observa entre la
infecciosa herida de sus ojos. Lo
reconozco y en parte de sí, él también
me reconoce. Cuando lo miro me siento
sucia, vacía, hedionda a maldad, no
humana, no animal, nauseabundo espectro.

Es el gato de mi abuela, o era, y me siento responsable de
su actual estado. Temo volver a encontrármelo, tiene garras
quebradizas, pelaje sucio, legañas en los ojos, a penas
se mueve, su decadencia me hace pensar un poco en la mía

¿Por qué justo hoy?


vives sumergido en este abismo nocturno, donde
no eres ni un gato, ni tú, eres… no sé si tan
así como un gato negro. Existes en esta oscuridad, te

Te me
apareces sigiloso entre los restos de
madrugada, reconociendo tu estado de
perpetuo vacío. Foráneos, ajenos, vivos,
y conocidos, penetras en ellos con tu

hizo encontraste con tu reflejo, y yo con el mío.

mirada, ya sabe el gato, ya lo sabe,

ya

me vio.

no ves.

Dicen evasión, dicen frustración,
dices locura, dices dejación,
dices esquizofrenia, dices desilusión,
dices viejo, puto y cochino,
dices flojo, dices enfermedad,
dices mugre,
dices cafiche
dices, dices y dices.


"Debe andar por ahí, lo conozco desde que lo botaron"

Ocho años entre compras y
penas, cruzando la avenida para
alimentarlo, "no se acostumbró
en la casa, le gusta la calle"
dijo, con cara llena de felicidad
maternal, al referirse a manchitas
"porque tiene como manchitas" No
es manchita el que come, es otro,
pero que lo quiere mucho también


"Debe andar por ahí, lo conozco
desde que lo botaron"



Centímetros cúbicos, quizás metros
las separan. No juegan a amar,

sienten… unas ocho, otras diez
años, entre luciérnagas, pasto,
frío y calor, alimentando güatitas cuadrípedas, alimentándose ellas
mismas.

La gente dice que no vive, pero se equivoca.


Unir pasos en
la nocturna
marcha,
deshojando
asfaltosas
miradas

La gente dice que no vive, pero se equivoca.





Bajo el cielo
raso del universo se fijan
en el firmamento, cósmicas

apariciones y nebulosos seres.